
¿Cómo aceptar que el Gobierno nos deseé felicidades cuando es él el que nos está amargando todo viso de bienestar, o de sosiego? ¿Cómo aceptar de buena fe que las Eléctricas, que nos esquilman, con sus tasas disparatadas, nos digan de verdad que nos desean Felicidades y próspero Año Nuevo? Y como los referidos, otros... Y si tan es así esos deseos de prosperidad, ¿por qué tales deseos no se manifiestan durante todo el año? Y, además, se hacen obras, no de caridad, si no de justicia como debiera ser lo justo?

Y tras eso, también se sabe, su vida puede decirse que fue la de Dios...
Pero aparte del rollazo religioso, está,en torno a estas fechas, un mundo desorbitado, donde las pasiones y los odios, la ceguera y la ambición, hacen que la Humanidad esté a punto de saltar por los aires, acá y acullá.
Viene, pues, al caso insertar EL AÑO NUEVO, Soneto de Alfonso Camín escrito y publicado en 1914, cuando su vida era en Cuba el inicio hacia la ascensión del Parnaso español, y ya ,como veremos, dejó sentado y bien dicho lo que acontecía ´y él veía y sigue viéndose. Nosotros lo transcribimos, porque siempre es de rabiosa actualidad.
EL AÑO NUEVO
Bien vayas, Año Viejo, segador implacable,
que te vas de los campos con la mies de la vida,
con tu fardo de crímenes, tu figura execrable
y aún blandiendo en tus manos la guadaña homicida.
Nace el Año, heredero de los cetros del Mundo,
y en el hondo sarcasmo de una noche de luna,
cuando ruge a a sus plantas el rencor iracundo,
ve que tiene una enorme calavera por cuna.
La Locura y el Crimen se han vestido de gala;
deje al Año que vuele la impecable paloma
y un bautismo de sangre por su frente resbala...
Luce el mundo, a manera de un festín nunca visto;
nuevamente tornamos a los tiempos de Roma,
¡Y los pueblos escupen al cadáver de Cristo!