CAMPAÑAS Y MÁS CAMPAÑAS

Sabemos que, lo que para unos es bueno, para otros no lo es.Ya lo dijo Campoamor: "Nada es verdad ni mentira;/ todo es según el color / del cristal con que se mira". De modo que, en política como en otras argumentaciones --al fin y al cabo razones--ocurre lo mismo. Tal cual sucede en este mismo instante en España, donde unos ven a don Mariano Rajoy como líder indiscutible del Partido Popular y otros--incluso del mismo grupo--lo discuten y lo niegan.

No es extraño, pues, que haya mucho más
controversia si los opinantes son de credo distinto.Por ejemplo: Derecha y Izquierda. Aquí, para muchos lo que es negro dicen que es blanco y para otros lo que es blanco que es negro, y no hay arreglo. Cómo se puede decir a los seguidores de doña Esperanza Aguirre que ésta es una mala política, una persona de actuar sagaz, de no mirar a la cara y, en suma, de no ser de fiar? A buen seguro que protestarán contra tamaña exposición. Y es que, aparte la razón, la fe es ciega no permite ver más allá de la propias narices.

Así, entonces, no esperemos --que no lo esperamos--que haya quien comparta con nosotros que aquellas campañas era desaforadas en que el Partido Popular, donde con don Mariano Rajoy al frente, se "decía que España se rompía", "se deshacía", se desintegraba, se estaba vendiendo a los enemigos de la patria","se arrodillaba ante los terroristas" y que no tenía crédito ni era respetada en otros foros". Y semejante campaña fue así, en todo tiempo, pero en campaña electoral, más. Los que entendemos que fueron campañas desmedidas y despiadadas sabemos que para los que las veían y promovían, era justas y oportunas. Incluso aunque España no desapareciese del mapa,como no ha desaparecido, no serán capaces a reconocer, ahora que cambiaron de letanía, que sus clamores eran desmedidos.O sea, que había que escandalizar para acusar al Gobierno de nulidad, que eso también se decía.

El señor Rajoy, en sus permanentes manifestaciones mitinescas no cesaba de hablar en nombre de España, como si fuera el adalid celestial; ni cesaba de hablar de la cesta de la compra, como años antes había hecho el fundador del partido, Manuel Fraga; y no cesa don Mariano en sus letanías ahora mismo de decir que le preocupa España y los españoles, y que el Gobierno no sabe por dónde anda, y que hay paro y que el Gobierno no tiene proyectos y que el PP sí los tiene, y que, además, él, don Mariano, representa a un partido unido, de centro, cohesionado, con garantía de futuro, y bienestar para los españoles...
O sea, que las campañas siguen. Igual que siguen las discrepancias entre diversos grupos del PP, ya sean en Valencia, en Cataluña o en el País Vasco o aquí, en Asturias, donde también hay movimiento subrepticio y, sin embargo, no pasa nada. Nada para don Mariano, que procura soslayar lo cierto; no ocurre nada para la nueva secretaria del partido, Cospedal, ni para la portavoz Sáenz de Santa María, ni para otros.
Naturalmente, estas cosas que unos ven, otros --aunque las vean-- las niegan. Y así no hay arreglo. Así siempre habrá conservadores y progresistas, derechas e izquierdas, verdades y mentidas, santos y demonios...

Que aquí en esta España, en este instante, falta por referir a la Iglesia o a la Conferencia Episcopal, la que también se las trae. La que tiene derecho a meterse en casa ajena, pero nadie tiene derecho a decir ni a decidir en su propia casa nada si antes ella -la Iglesia-- no interviene, lo cual, si así fuera, volveríamos otra vez a los tiempos del Santo Oficio, brazo secular de la Iglesia y de los poderes que detentó siempre, con lo cual nos iba a caer de nuevo el pelo a los designados para llevar el sambenito, que con tanto deseo gusta de ponernos la Iglesia de Rouco Varela y Martínez Camino, gallego y asturiano, respectivamente y voces superiores del poder celestial de la Iglesia en la tierra.

Y la Iglesia, como la familia se deshacía--eso decía-- salió en campaña de protesta más de una vez contra lo que el Gobierno de España, el cual, para la Iglesia, no tiene derecho a dictar leyes de enseñanza ni de otra índole. La Iglesia sí; los demás no. Y protesta. De modo que, como existen distintos puntos de vista, habrá quien siga apoyando los desmanes eclesiásticos y habrá quien los vea así, como desmanes y como intromisiones en terrenos que no deben.

Pero, claro, ¿quién somos nosotros
para opinar ni decir que, contra el Gobierno actual,tras una campaña originan otra? -- Ya lo saben ustedes: los de siempre. Los buenos, que son los que, históricamente, mayor mal han hecho.Pero fueron y son los buenos; los malos, pues, a callar so pena de que nos condenan --más todavía-- al infierno del que nos saldremos jamás...

¡¡Y encima eso!!

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